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Diplomacia antiTrump, no soberana



CARLOS RAMÍREZ


Lunes 13 de Abril de 2026 1:28 pm


 

 

JUSTO en tres momentos delicados de su relación con EU -la revisión de TCL, la disputa por Cuba y la guerra en Irán-, el regreso de México a la política exterior activa no deja buenos mensajes y sí algunas complicaciones: ir a España a fortalecer la línea monárquica y antiTrump, y alejarse de América Latina porque perdió ya todo su liderazgo.

La decisión de fortalecer el lanzamiento del Global Progressive Mobilisation (GPM) el próximo sábado estará codificando el mensaje de México a Washington de que Palacio Nacional participaría subordinado en el bloque antiIsrael y antiEU del presidente español Pedro Sánchez, pero justo en el momento en que se encuentra sentado en el banquillo de los acusados por corrupciones probadas de ministros, funcionarios y señalamientos muy graves que involucran irregularidades de su esposa.

Sánchez construyó un bloque bajo la argumentación de “¡no a la guerra!” contra Irán, pero más como tabla de salvación interna que como una estrategia de reconstrucción de la ruta. En la reunión progresista en Barcelona estarán presentes otros presidentes latinoamericanos que serán acarreados a fortalecer a Sánchez y convertirlo en el gran líder antibélico: el brasileño Lula da Silva, el colombiano Gustavo Petro, el uruguayo Yamandú Orsi, el sudafricano Ramaphosa y los desconocidos primeros ministros de Barbados y Kosovo.

La reunión de Barcelona forma parte de la estrategia de España de subordinar a América Latina -o al menos alguno de sus últimos países populistas- al liderazgo del Palacio de La Moncloa, pero la diplomacia mexicana después de López Obrador y la pasividad del canciller Juan Ramón de la Fuente Ramírez necesitaban reconstruir liderazgos en América Latina, luego de la inactividad diplomática de México que le permitió a Trump incidir en procesos electorales para que la derecha en modo MAGA tomará gobiernos que tienen incidencia en la realidad latinoamericana.

El pequeño grupo de Barcelona GPM está articulado a la actividad en México y América Latina de Pablo Iglesias, dirigente de desinflada y casi inexistente izquierda académica española, pero que desde la vicepresidencia en el Gobierno de Sánchez pudo crear una coalición de gobiernos populistas en América Latina, aunque ahora son más figuras locales por la pérdida de gobiernos en la región.

La reunión en Barcelona del próximo 18 de abril estaría en la lógica activa en su momento con Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro, cuando los dos tenían todo el poder en Venezuela. Pero la estrategia intervencionista, invasora y delictiva de la Casa Blanca para secuestrar al presidente de otra nación -impresentable e imprescindible, pero con protección diplomática y política locales- le quitó a México y a España el liderazgo regional en América Latina y el Caribe.

El primer detalle que revela el primer viaje de diplomacia activa de México a España ayudaría a fortalecer al gobierno de Sánchez en momentos en que enjuician su corrupción, pero sin ninguna iniciativa real para reconstruir alianzas -ya no se diga liderazgos- mexicanas en la zona de la doctrina Donroe.

El segundo detalle tiene que ver con las circunstancias políticas: el secretario mexicano de Economía y canciller inactivo del gobierno de López Obrador, Marcelo Ebrard Casaubón, hace verdaderamente malabares circenses para ocultar que la negociación del Tratado ya está perdida y que México se está ajustando a todas las presiones estadounidenses, además de que Trump seguirá utilizando la amenaza invasora por razones de narcotráfico.

México había desarrollado por tradición histórica un liderazgo progresista en el continente y el mundo, pero sobre todo de soberanía frente a las políticas exteriores de EU desde los intervencionismos de Nixon y Reagan, las frivolidades de Clinton y Obama, el desdén de Bush Jr. y la inactividad gerontocrática de Biden. El gobierno de la presidenta Sheinbaum mantuvo la desconexión diplomática y en el primer año De Trump se desarticuló la mayoría progresista en América latina, y México se quedó más con la carga que con la influencia histórica de Cuba, no movió ni un dedo para reaccionar ante el arresto transnacional y transjurisdiccional de la Casa Blanca y perdió la influencia en la zona económica de América Latina y el Caribe.

 

carlosramirezh@elindependiente.mx