Servicio en penumbras
EDITORIAL
Viernes 21 de Agosto de 2026 9:18 am
La tormenta del sábado
reciente, la cual estuvo acompañada de intensas rachas de viento en la entidad,
no solo dejó a su paso árboles caídos, cables colapsados y accidentes viales,
sino que evidenció, una vez más, la cuestionable capacidad de respuesta de la
Comisión Federal de Electricidad (CFE). De acuerdo con la Unidad
Estatal de Protección Civil y corporaciones municipales, los cuerpos de
emergencia atendieron 65 incidentes en siete municipios y brindaron asistencia
oportuna a siete personas con lesiones menores. Sin embargo, el verdadero vía crucis
para miles de familias comenzó cuando el suministro eléctrico colapsó. Las mayores afectaciones
se concentraron en la zona conurbada Colima-Villa de Álvarez y en comunidades
rurales de Coquimatlán, como La Sidra, El Algodonal, Pueblo Juárez y Agua
Zarca. Mientras que en ciertos sectores el servicio se restableció tras tres o
cuatro horas, en más de 40 zonas habitacionales el apagón se prolongó por más
de 40 horas, extendiéndose hasta el inicio de la semana. La indignación social no
sólo responde al fallo técnico, sino al hermetismo y la indolencia
institucional. La CFE omitió informar las causas del colapso y fue incapaz de
ofrecer un tiempo estimado de recuperación. Esta dilación provocó pérdidas
económicas en comercios locales y familias, quienes vieron descomponerse
alimentos por falta de refrigeración, además de paralizar sus actividades
mínimas elementales. Este episodio no es un
hecho aislado. Se suma a la cadena de interrupciones sistemáticas que han
desencadenado la molestia social en diversos puntos de la entidad, derivando
incluso en protestas frente a las oficinas de la paraestatal en Tecomán por
parte de habitantes de Armería. Incluso el martes reciente, varias colonias de
Tecomán estuvieron sin luz durante más de seis horas, sin que se conocieran las
razones.
Exigir un servicio
eléctrico a la altura no es una concesión ni un favor, es el cumplimiento de un
derecho básico pagado puntualmente por los ciudadanos. Mantener el silencio y
postergar las soluciones no sólo evidencia una alarmante ineficiencia
operativa, sino una postura abiertamente irresponsable. La CFE está obligada a
dar la cara, rendir cuentas claras y asumir de inmediato el costo de su propia
negligencia; de lo contrario, seguirá condenando a la población a vivir en el
rezago y la penumbra.
